27 ene, 2010

“El sentido del tacto” de Ribera

Me encuentro con este cuadro de Ribera, que se titula oficialmente “El sentido del tacto”, aunque, al parecer, se conoce también como “El escultor ciego”.

El barroco, esa época de tremendos delirios visuales, trampantojos, oropeles e ilusionismos varios, es también el primer momento en que la ciencia empieza a desconfiar de lo que se percibe con los ojos. Los sentidos, de repente tan subjetivos, empiezan a perder crédito como medios de conocimiento y emprenden una curiosa batalla entre ellos. Las artes toman parte activa en la pelea barriendo para casa, es decir defendiendo cada una el sentido con el que más se la disfruta. Es el momento en que, aunque ya existían, se ponen de moda las series de alegorías de los sentidos. Este cuadro parece que formaba parte de una de ellas.

Viendo las cinco alegorías de Ribera juntas, uno se da cuenta de que él, un pintor, tomó partido claramente por el sentido del tacto, pero eligió para hacerlo una pintura, una imagen. (La alegoría de la vista es más un compendio de artilugios ópticos, y olfato, oído y gusto, parecen más bien alegorías de pecados capitales.) De las cinco, ésta es la única que hace alusión al arte, su profesión y de la única de la que hizo dos versiones.

El cuadro que aparece dentro del cuadro es apartado, apenas se muestra de refilón, como descartado. Toda la atención del claroscuro está en la escultura, las manos que la leen y el rostro, especialmente la frente del anciano ciego.

Quiero creer que la confusión en el título del cuadro con el retrato de un escultor ciego no es casual. La manera en que palpa (nadie pinta las manos como Ribera) la cabeza esculpida, tiene algo que va más allá del tocar para conocer. Se acerca más a la ceguera metafórica del artista que se encierra en su propia visión interior para crear. De alguna manera los ojos cerrados mirando hacia dentro hacen que el acto de tocar se convierta en un acto creador. La imagen mental que intuimos dibujándose tras esa frente iluminada ocupa el espacio entre el cuadro y nosotros y nos deja en un silencio respetuoso, como para no molestar. La imagen se convierte en anti-imagen, nos descubre, en fin, que la única imagen importante es la interior, la invisible.

Comentarios

En el museo del Prado se conservan también copias de dos cuadros que Jan Brueghel de Velours (por la suavidad de su pincelada), el Viejo, pintó para los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia allá por 1618 titulados:
La Vista y el Olfato y
El Gusto, el Oído y el Tacto.

A medio camino entre gabinete de curiosidades y compendio de alegorías sobre estos sentidos.

http://www.museodelprado.es/enciclopedia/enciclopedia-on-line/voz/brueghel-de-velours-jan/

http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/12/07/la-coleccion-de-pinturas-del-i-marques-de-leganes/

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